Entonces bueno, me tocó ser la otra, la perra, la coño e madre, la roba novios ¿no? ¡Pero yo no lo sabía! No importa igual es mi culpa, por estúpida ¿verdad? o al menos eso fue lo que me dijo cuando todo se vino abajo, las mentiras, su relación y la nuestra, o más bien la mía porque ni al caso... Las cosas terminaron mal, muy mal pero solo para mí, ellos volvieron a estar juntos, y la que se llevó los insultos fui yo, sin importar que no supiera nada, sin importar que quien adquirió el compromiso previo fue él y no la pobre pendeja que ni idea de las cosas... Así es la vida dice la canción de elefante.
¿Aprendí algo de esta lección? Yo pensaba que si hasta que me volví a tropezar por el mismo camino, al menos esta vez no es con la misma piedra, un día de estos les digo si esta vez me caí, la puse bien o la volví a cagar.